Cebrià Montoliu
(Ciutat de Mallorca, 1873–Alburquerque, 1923) Escritor y traductor en lengua catalana. De procedencia noble, estudió derecho y se planteó como objetivo central de su vida la reforma integral de la sociedad. Se le puede considerar un auténtico humanista y activista cultural: ensayista, traductor, educador y teórico de la pedagogía, urbanista y creador de instituciones e iniciativas culturales diversas. Su obra traductora, no excesivamente extensa, es sin embargo determinante. Junto con Joan Maragall, de quien criticó su falta de fidelidad y el abuso de vulgarismos y castellanismos en algunas de sus versiones de Goethe, fue el primero en reflexionar sobre la traducción en Cataluña. Su actividad traductora se enmarca en los parámetros ideológicos de regeneración y actualización de la cultura y sociedad catalanas planteados por el Modernismo. De ahí su interés por traducir a algunos de los máximos referentes ideológicos modernistas, como John Ruskin, R. W. Emerson o Walt Whitman, con el fin de presentarlos como auténticos modelos sociales y morales. En la primera traducción de Ruskin, con quien más se identificó, –Fragments (B., L’Avenç, 1901)– hizo una lectura sesgada: una vez reconocidas y aceptadas sus doctrinas sobre arte, se centró en las doctrinas sobre religión, moral, sociología, economía y política, que creía necesario difundir; con ello quiso vincular el Modernismo con el ideario de una lucha social institucionalizadora. En 1903 tradujo Natura (Joventut) y se convirtió en el competente introductor de Ruskin en la Península. En 1904 dio dos importantes ensayos de Emerson, ambos en L’Avenç: La confiança en sí mateix y L’amistat. En la introducción estableció las bases de sus ideas traductológicas: destaca la concisión del autor, que considera esencial mantener, y se fija el propósito de permanecer fiel al original a toda costa, asumiendo el peligro de caer en la oscuridad y de violentar la lengua. En 1907 tradujo Macbeth (L’Avenç) de W. Shakespeare, y un año después lo reeditó con una extensa introducción y notas con el título de La tragedia [sic] de Macbeth. En esta edición ofrece con mayor precisión y extensión su pensamiento sobre la traducción. Su voluntad de traducir a Shakespeare respondía a dos principios: el primero, que en Shakespeare se encuentran los principios de la época revolucionaria y los de la modernización estética; y el segundo, suplir un determinado vacío del teatro catalán en la Edad Moderna. Montoliu planteó una versión neutra y que sobreviviera a su generación, por lo que emprendió una traducción en prosa que calificó de «intento de traducción crítica, literal y literaria». Según él, su propuesta de traducción es crítica por la depuración previa del texto y la aclaración de puntos oscuros con notas explicativas; literal, porque cada concepto del original debe tener su equivalente; y literaria en el sentido de que la traducción debe tener un valor estético independiente del original. Todo ello provoca un conflicto entre la traducción libre y la literal que considera solo superable con un juego de equilibrios que se aparte de ambas a partir del «genio del modelo». Hasta 1923 publicó dieciocho textos teatrales de Shakespeare al castellano en un proyecto que debía ofrecer la totalidad de su obra (Obras completas de Shakespeare; B., Seguí), y que quedó inacabado a raíz de la muerte del traductor (se publicaron dos volúmenes, el primero de tragedias y el segundo de comedias). En 1909 publicó la traducción de Fulles d’herba de Whitman (B., L’Avenç); se identificaba con el poeta porque incidía en sus mismos intereses culturales: el dilema entre herencia idealista y pragmatismo, misticismo y vitalismo, lo colectivo y lo individual, trascendentalismo y acción social; además, consideró que su poesía tenía un carácter antiliterario, absolutamente opuesta a la poesía catalana noucentista del momento. Su ensayo sobre Walt Whitman. L’home i sa tasca (Societat Catalana d’Edicions, 1913), el primer estudi
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